martes, 21 de enero de 2014

Frankenstein

Parece un día como cualquiera, la mañana arranca despejada, calurosa, y se torna pesada, hierve la ropa sobre la piel; intento parecer un tipo centrado, acá sentado, ubicado en el presente, en el trabajo.
Pero no, tengo la imagen de esos ojos clavada en medio del craneo, ojos que no mienten, ni dicen la verdad, no reflejan nada interno; miran absorviendo, analizando todo, cada segundo, esos ojos, se llevan un recorte, una foto de lo que pasa alrededor.
Me invaden continuamente, si no tus ojos, tus manos; cuando me doy cuenta que estoy perdido ya es demasiado tarde.
El día avanza y lo mido, como siempre, por el avanzar del sol sobre el concreto de Florida, acá pega en el cantero, son las 9; ahora en la reja, 10:30; empieza a darme ne el brazo, hora de matar la somnoliencia y activar, cerrar el día...
Me pregunto cómo miran tus ojos cuando estás desnuda, pasa una mulatona que bien podría ser la de Caloi y media cuadra se da vuelta, los pibes del aire algo le gritan, un cambista se ríe, pero ella sigue inmutable...
Pasa la yuta, pesa el dolar, fluyen los papeles.
Espero que sea la hora de irme, intentar huir del sol.
Un día como cualquiera, en época de paz.